Dobles

   Me han dicho que tengo un doble viviendo en el otro lado de la isla, y de vez en cuando me llegan noticias suyas. Me cuentan que está bien, que cambió de trabajo, que sigue viviendo en Los Llanos de Aridane. A veces me pregunto si también a ella le hablarán de mí, si sabrá lo que hago o lo que evito a toda costa. Me inquieta pensar que me considere su doble y no al contrario, o peor aún, que en el fondo no seamos más que dos partes de la misma cosa, que vivamos cada una en un lado de una isla simétrica, tan igual y tan diferente como los dos perfiles del rostro que al parecer compartimos.

El otro big bang

   En un momento indefinido, la población comenzó a replegarse. Ocurrió sin una señal de alarma por nuestra parte, como algo inevitable que asumimos sin cuestionar. Vimos cómo las nuevas familias tenían cada vez menos hijos, pasando de cinco a cuatro, a tres, a dos, a uno. Esa cuenta atrás nos llevó al cero. Ahora que somos tan pocos, nos preguntamos qué pareja llegará al final: qué Adán, qué Eva.